HARDIN'S


REVISIÓN DE "LA TRAGEDIA DE LOS BIENES COMUNES" DE HARDIN

O

"TODOS ESTAMOS EN EL MISMO BARCO"


Victor M. Ponce

10 de Octubre de 2010


En la obra clásica de Hardin "La Tragedia de los Bienes Comunes", un bien común es un recurso natural compartido por muchas personas.1 En este contexto, "compartido" significa que cada individuo no tiene derecho a ninguna parte del recurso, sino al uso de una parte del mismo para su propio beneficio. La tragedia es que, en ausencia de regulación, cada individuo tenderá a explotar los bienes comunes para su propio beneficio, normalmente sin límites. Bajo este estado de cosas, los bienes comunes se agotan y finalmente sobreviene la ruina.

People and the Commons

El Pueblo y los Comunes.

En la raíz de la tragedia está el interés propio desenfrenado de algunos individuos. El razonamiento es que si los bienes comunes finalmente se van a agotar, quien realice el mayor uso se beneficiará más. Bajo esta circunstancia, se ve que la relación costo/beneficio es astronómica: mientras que los beneficios se acumulan únicamente para el usuario, los costos se reparten entre todos los demás, que comparten los bienes comunes.

La tragedia de Hardin no es sólo un principio de la ciencia ambiental, también es muy común, sin recurrir al juego de palabras. Para entender por qué, debemos examinar la forma en que funciona la Naturaleza. La mayoría de los recursos naturales son comunes, es decir, compartidos por todos. Por ejemplo, el aire (nuestra atmósfera) es realmente el bien común por excelencia. Ningún grupo o país puede reclamar su propiedad exclusiva. La difusión actúa para igualar todos los constituyentes, de modo que las causas de algunas acciones son los efectos en otras. No se nos ocurre un mejor ejemplo que el del calentamiento global. El bombeo excesivo de dióxido de carbono a la atmósfera por parte de algunos países provoca el derretimiento de los glaciares en otras regiones del planeta.

Retreat of Ururashraju glacier, White Range, Peru: 500 m between 1986 and 1999

Retroceso del glaciar Ururashraju, Cordillera Blanca, Perú: 500 m entre 1986 y 1999.

Otro ejemplo de un bien común típico es el agua subterránea. Nadie es realmente dueño del agua subterránea. Sin embargo, el bombeo individual de demasiada agua subterránea puede provocar el agotamiento del recurso, por no mencionar otros efectos relacionados, como el hundimiento del terreno y la intrusión de agua salada. Una vez más, la difusión actúa para extender el efecto del uso del individuo entre todos. Eventualmente, el agotamiento de unos pocos significa agotamiento para todos.

A diferencia del agua subterránea, el agua superficial está sujeta a apropiación, y ésta constituye la práctica en los Estados Unidos. Por lo tanto, se puede pensar que el agua superficial no es un bien común. Sin embargo, el problema real es más sutil de lo que parece. El agua superficial transporta sólidos en forma de sedimentos suspendidos y sales disueltas. El agua superficial actúa como medio de transporte de estos sólidos, desde su origen en las montañas, hasta su acarreo a los océanos (para cuencas continentales periféricas). Cada ápice de uso consuntivo del agua (por ejemplo, para irrigación) infringe el derecho de la Naturaleza a exportar los sólidos, particularmente las sales, al océano. Se ve que este "derecho" es un bien común; es decir, por definición, un recurso que podría ser utilizado por muchos y abusado por unos pocos. Tomando la mayoría, o toda la escorrentía, y convirtiéndola en evaporación y evapotranspiración (como suele ser el caso en cuencas altamente desarrolladas) desperdicia el derecho de los comunes a exportar las sales, lo que resulta en la ruina final de la Tierra. Una vez más, la difusión omnipresente pasa su factura. Las sales se difusionan localmente y terminan contaminando las aguas superficiales y subterráneas locales y regionales, comprometiendo los ecosistemas vecinos. Así, mientras que en la práctica la cantidad de agua superficial puede no ser un bien común, la calidad del agua superficial claramente lo es.

Evaporation pond, Tulare Lake basin, Central valley, California

Estanque de evaporación, cuenca del lago Tulare, Valle Central, California.

No es necesario profundizar demasiado para darse cuenta de que la mayoría de los recursos naturales constituyen, en realidad, bienes comunes. Por lo tanto, la Tragedia de Hardin es de hecho muy común. Se presenta en casi todas partes, particularmente en situaciones donde los derechos del individuo se oponen a los de la comunidad. Las sociedades que quieren seguir siendo sostenibles no tienen más remedio que regular el uso de los bienes comunes. La regulación es el precio a pagar por la sostenibilidad; es la estrategia menos indeseable, ya que un bien común no regulado eventualmente marcha hacia la tragedia.

Para cerrar, pongamos a prueba su comprensión de la teoría de los bienes comunes con una pregunta de opción múltiple. Suponga que hay varias personas en un bote en un lago o en el océano. De repente, uno de ellos se vuelve loco, saca un taladro y comienza a perforar el casco. El resto tiene tres opciones:

         

  • Mirar la perforación y examinar qué tan rápido el perforador hace un agujero en el casco,

  • Agarrar un chaleco salvavidas y saltar del bote, porque es obvio que el bote eventualmente se va a hundir, o

  • Detener al culpable y tirar el taladro por la borda para evitar que se repita el desafortunado incidente.

Si su respuesta es A, Ud. no sabe que el barco es en realidad un bien común, por lo que no pasa la prueba. Si tu respuesta es B, Ud. sabe que el barco es un bien común, pero no sabe que es "su" bien común, por lo que también no pasa la prueba. Si tu respuesta es C, Ud. sabe que el barco es un bien común, y está dispuesto a defender su integridad, porque su seguridad y comodidad (!por no mencionar su vida!) depende de ello. Creo que la mayoría de la gente estaría de acuerdo en que la respuesta más sensata es C.

En conclusión, se considera que los derechos del individuo terminan donde comienzan los derechos de la comunidad; por el contrario, los derechos de la comunidad terminan donde comienzan los derechos del individuo. Por lo tanto, un equilibrio adecuado entre estos dos derechos es el único camino sostenible a seguir si se quiere evitar una repetición de "La Tragedia de los Comunes".

En pocas palabras, se ve que los comunes son más comunes de lo que se pensaba.

Tragedy of the Commons

Tragedia de los comunes (fao.org)


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1 Hardin, G., 1968. The Tragedy of the Commons. Nature, 162, 1243-1248.

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