¿CÓMO? ¿QUÉ? ¿CUÁNDO?

La razón detrás del calentamiento global:
Energía vieja versus nueva


Víctor M. Ponce


Al principio, había dióxido de carbono y agua. Estos compuestos químicos se originaron en el interior de la Tierra y en las rocas. A través de la fotosíntesis, estos dos componentes se combinaron en la materia orgánica, almacenando, durante milenios, la energía del sol en compuestos químicos llamados carbohidratos. Los carbohidratos no utilizados fueron secuestrados debajo de la superficie de la Tierra y, en el tiempo geológico, transformados en hidrocarburos, constituyendo la energía no gastada o excedente.

El dióxido de carbono perdido en la materia orgánica fue finalmente reemplazado por dióxido de carbono nuevo o virgen, que se originó en las rocas y las erupciones volcánicas. Parte de ella fue reciclada a través de la biósfera. A través del tiempo geológico, el sistema podía lograr un equilibrio dinámico sólo si se secuestraran cantidades suficientes de carbono para equilibrar el nuevo carbono que se iba incorporando a la atmósfera.

Se puede decir que el carbono secuestrado es la energía antigua, o de ayer, mientras que la energía actual del sol es la energía nueva, o de hoy. Esta distinción es importante porque tiene una implicación ética. Si el uso de la energía vieja cambia la composición de la atmósfera más allá de nuestra capacidad de ajuste, ¿estamos justificados en este camino? ¿Podemos convertirnos en agentes del cambio geológico dentro de un marco de tiempo decididamente contemporáneo?

Las especies van y vienen; sin embargo, la Naturaleza es mucho más resistente. La teoría de Gaia nos enseña que el mundo natural se ajustará a los cambios. La pregunta que persiste es: "¿Será nuestra especie capaz de adaptación?"

La quema de combustibles fósiles tiene el propósito de mejorar nuestra calidad de vida. En su mayoría, ha aumentado la movilidad y la comodidad (o conveniencia). En los últimos 100 años, la movilidad se ha convertido en una necesidad básica de nuestro estilo de vida contemporáneo. Mientras tanto, la comodidad también se ha convertido en una necesidad. Otros estilos de vida pueden no ser tan dañinos para la atmósfera o el planeta, pero seguramente no son tan móviles ni cómodos.

Por lo tanto, todo se reduce a qué hacer con la mayor movilidad y comodidad de nuestro estilo de vida. ¿Podemos darnos el lujo de renunciar a alguna parte de ello? Ésta es una pregunta retórica, porque en este punto aparece la Tragedia de los Comunes. Cuando el costo de los beneficios que recibe un individuo (es decir, más movilidad y comodidad) lo asume la humanidad entera, la relación costo/beneficio resulta ser astronómica. La ciencia de la economía no tiene la menor idea de cómo resolver este problema.

La humanidad necesita unirse, evaluar los hechos y, finalmente, alejarse de la energía vieja y usar la energía nueva. Sólo así seremos capaces de tender hacia la sostenibilidad. ¿Cómo nos metimos en este lío? ¿Qué les estamos dejando a las generaciones futuras? ¿Cuando vamos a hacer algo decisivo al respecto?


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